Monumento a la Masonería Universal

En la segunda rotonda de la Avenida Reyes Católicos, el sábado 19 de diciembre de 2015, las Logias del Valle de Salta,

Nombres que enorgullecen a la Masonería Argentina

La Masonería Argentina tiene el orgullo de haber contado en sus filas a hombres que participaron en la construcción de una Nación progresista,

Contribuyendo al Arte de la Ciudad

En adhesión al Bicentenario de la Batalla de Salta, el 20 de febrero de 2.013 la Augusta y Respetable Logia “General Belgrano”...

Simbología en la Arquitectura Sacra

La Masonería se organiza y estructura sobre el gremio de los iniciados en el Arte Real de la Construcción...

Tiempo de Cuaresma

La Orden masónica impulsa el uso de la razón para buscar la Verdad y la Belleza...

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lunes, 24 de abril de 2017

Cenotafio de Juan Bautista Alberdi

LA MASONERÍA ARGENTINA REINAUGURA
EL CENOTAFIO DE JUAN BAUTISTA ALBERDI


Hoy, 24 de abril de 2017, en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires, la Masonería argentina reinaugura el cenotafio del insigne tucumano (cenotafio: monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje a quien se dedica), autor de las “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”. Tras el deterioro del exquisito monumento, la extensa obra de restauración fue llevada a cabo por la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, con el apoyo de sus talleres, artistas, artesanos y profesionales destacados.
Juan Bautista Alberdi nació en San Miguel de Tucumán, el 29 de agosto de 1810. Fue  abogado, jurista, economista, político, estadista, diplomático, diputado, escritor y músico argentino, y el autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853. Su padre fue un comerciante vasco, dueño de una importante pulpería, que supo intervenir en la defensa de Buenos Aires en ocasión de las Invasiones Inglesas; su madre, una criolla de reconocida familia tucumana, que falleció al darlo a luz.
Inició sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales de la Ciudad de Buenos Aires, para comenzar los superiores en la Universidad de Buenos Aires, continuándolos en la Universidad de Córdoba, luego en Montevideo, para finalmente  diplomarse como Doctor en Jurisprudencia en la Universidad de Chile.

De su obra “Bases” nos permitimos extraer, si bien arbitrariamente mas siempre con el máximo respeto, dos de sus párrafos que preservan plena vigencia: “La Constitución debe dar garantías de que sus leyes orgánicas no serán excepciones derogatorias de los grandes principios consagrados por ella, como se ha visto más de una vez. Es preciso que el derecho administrativo no sea un medio falaz de eliminar o escamotear las libertades y garantías constitucionales. Por ejemplo, la prensa es libre, dice la Constitución; pero puede venir la ley orgánica de la prensa y crear tantas trabas y limitaciones al ejercicio de esa libertad, que la deje ilusoria y mentirosa. Es libre el sufragio, dice la Constitución; pero vendrá la ley orgánica electoral, y  fuerza de requisitos y limitaciones excepcionales, convertirá en mentira la libertad de votar. …”.
Alberdi se preocupó y ocupó de los temas fundamentales de nuestra Nación en ciernes, así, respecto a la unión nacional supo considerar: “…La idea de una unidad pura debe ser abandonada de buena fe, no por vía de concesión, sino por convencimiento. Es un hermoso ideal de gobierno; pero en la actualidad de nuestro País, imposible en la práctica. Lo que es imposible, no es del dominio de la política, pertenece a la universidad, o si es bello, a la poseía. … La unidad no es el punto de partida, es el punto final de los gobiernos.; la historia lo dice, y la razón lo demuestra. …”.


Alberdi perteneció a la “Generación del ´37”, integrando en ese entonces el “Salón Literario”,  círculo de intelectuales de la época, enrolados en el llamado “movimiento romántico”, gestado por Marcos Sastre, del que supieron participar, entre otros, figuras de la talla de Miguel Cané (padre), Juan María Gutiérrez, Esteban Echeverría, y Vicente Fidel López.  El “Salón Literario” funcionaba como tertulias en las que se departía sobre literatura, arte y moda, influidos por el romanticismo europeo, y ofreció marco a la discusión de las nuevas ideas políticas. Presionados por el Gobierno de Juan Manuel de Rosas, cerró a los seis meses; no obstante ello posibilitó luego la “Asociación de la Joven Generación Argentina”, y posteriormente la “Asociación de Mayo.
A fines de 1938 Alberdi se niega a prestar juramento de fidelidad al Gobierno de Juan Manuel de Rosas, se expresa su ferviente opositor, e inicia su exilio, primero a Montevideo, luego Europa y por último Chile. De regreso a nuestro País se desenvuelve en funciones legislativas y diplomáticas. En razón de un proyecto de Ley que impulsa el Presidente Julio A. Roca sus Obras completas son publicadas por el Estado Nacional.
Se manifestó contrario a la Guerra de la Triple Alianza en su obra “El crimen de la guerra”; y en razón de ello, Bartolomé Mitre se dedica a desacreditarlo por medio del Diario La Nación, e  impidiendo el consenso necesario en el Senado de la Nación para su designación como embajador en Francia.
Cansado y un tanto humillado decidió alejarse definitivamente del País. Partió rumbo a Francia el 3 de agosto de 1881 confesándole a un amigo: "lo que me aflige es la soledad". Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884. Sus restos fueron repatriados en 1889.  Embarcados el 28 de mayo de ese año a bordo del vapor "Azopardo", se los trasladó primero a la Catedral de Buenos Aires, donde se le rindieron honores hasta el 5 de junio, fecha en que se ubicaron en la bóveda de la familia Ledesma en el Cementerio de la Recoleta, que los albergó hasta ser depositados en el mausoleo erigido en un terreno donado por la Municipalidad de Buenos Aires. Actualmente descansan en un nicho construido en la Casa de Tucumán.
Alberdi fue miembro honorario de la Logia San Juan de la Fe Nº 20, actuó masónicamente en Buenos Aires, Francia y Montevideo, donde contó con la protección de Garibaldi  y Mazzini  e integró “La joven Italia”. Fue el encargado de llevar a Montevideo las Palabras Simbólicas de la citada Asociación de Mayo, fundada por Esteban Echeverría.
El 29 de agosto se conmemora en la Argentina el Día del abogado en su honor, recordando su nacimiento. Su pensamiento y acción sirven de ejemplo al profesional del Derecho, comprometiéndonos a una sociedad justa y progresista.

domingo, 5 de marzo de 2017

Alejamiento de Don Domingo Faustino Sarmiento de La Orden Masónica Argentina

Una de las figuras más discutidas de nuestra Historia patria es, indudablemente, el “Cuyano Alborotador”, tal como lo apostrofó el historiador J.I García Hamilton.
A diferencia de Don José de San Martín y Don Manuel Belgrano, Don Domingo Faustino Sarmiento sí se involucró en las luchas intestinas en los albores de nuestra Nación, erigiéndose en el “portavoz” del bando unitario u oligarquía porteña. Sobrados y fundados argumentos en favor y en contra de tan apasionado personaje tornan imposible mantenerse indiferentes ante su persona, acción y palabras. Pero como suele decir nuestro actual Gran Maestre, Dr. Nicolás Breglia, la Nación argentina no se explica sin su sistema de educación pública, y ésta tampoco sin la figura de Sarmiento.
El Gran Maestro de América honró los cuadros de la Masonería Argentina, llegando a presidirla durante el período 1882/1885 (renunció en 1883).
La terquedad o porfía del Sanjuanino no disminuía empero su capacidad intelectual. Poco antes de asumir la Primera Magistratura de la República, función desde la cual desarrollaría una de las gestiones más progresistas que registra nuestra Historia, convencido de que debía entregarse sin reservas a la delicada labor que se le encomendaba, decide alejarse de la Orden Masónica.
El 29 de septiembre de 1868 la Masonería argentina lo agasaja con un banquete, en ocasión de su elección como Presidente de la Nación. Fue esa la oportunidad para anunciar su alejamiento –temporario-, de la Institución, a efectos de no ofrecer dudas respecto a su compromiso con la Patria. Estimamos digno de recordar aquel discurso fraterno:

 “Al manifestar mi profunda gratitud por el sentimiento que nos reúne aquí hoy día, para darme pública muestra de simpatías, me creo en el deber de expresar francamente mi respeto, mi adhesión a los vínculos que nos reúnen a todos en nuestra sociedad de hermanos.
Llamado por el voto de los pueblos a desempeñar la primera magistratura de una República, que es por mayoría de culto católico, necesito tranquilizar a los timoratos que ven en nuestra institución una amenaza a las creencias religiosas.
Si la masonería ha sido instituida para destruir el culto católico, desde ahora declaro que yo no soy masón.
Declaro, además, que habiendo sido elevado a los más altos grados conjuntamente con mis hermanos los generales Mitre y Urquiza, por el voto unánime del Consejo de Venerables Hermanos, si tales designios se ocultan, aun a los más altos grados de la masonería, esta es la ocasión de manifestar que, o hemos sido engañados miserablemente, o no existen tales designios, ni tales propósitos. Y yo afirmo solemnemente, que no existen, porque no han podido existir, porque los desmiente la composición misma de esta grande y universal confraternidad.
Hay millones de masones protestantes y si el designio de la institución fuera atacar las creencias religiosas, esos millones de protestantes estarían conspirando contra el protestantismo y a favor por tanto, del catolicismo, de cuya comunidad están separados.
No debo disimular que S.S. el Sumo Pontífice se ha pronunciado en contra de estas sociedades. Con el debido respeto a las opiniones del Jefe de la Iglesia, debo hacer ciertas salvedades que tranquilizarán los espíritus.
Hay muchos puntos que no son de dogma, en que sin dejar de ser apostólicos romanos, los pueblos y los gobiernos cristianos pueden diferir de opiniones con la Santa Sede. Citaré algunos.
En el famoso Syllabus, S.S. declaró que no reconocía como doctrina sana ni principio legítimo, la soberanía popular.
Bien. Si hemos de aceptar esta doctrina papal, nosotros pertenecemos de derecho a la Corona de España.
Pero tranquilizaos. Podemos ser cristianos y muy católicos, teniendo por base de nuestro gobierno la soberanía popular.
El Syllabus se declara abiertamente contra la libertad de conciencia y la libertad del pensamiento humano.
Pero el que redactó el Syllabus se guardaría muy bien de excomulgar de la comunidad católica a las naciones cuyas instituciones están fundadas sobre la libertad del pensamiento humano, por miedo de quedarse solo en el mundo con el Syllabus en la mano.
Por lo que a nosotros respecta, tenemos por fortuna el Patronato de las iglesias de América que hace al Jefe de Estado tutor, curador y defensor de los cristianos que están bajo el imperio de nuestras leyes, contra toda imposición que no esté de acuerdo con nuestras instituciones fundamentales.
El presidente de la República debe ser, por la Constitución, católico, apostólico, romano, como el rey de Inglaterra debe ser protestante, católico, anglicano. Este requisito impone a ambos gobiernos sostener el culto respectivo y proceder lealmente para favorecerlo en todos sus legítimos objetos.
Este será mi deber, y lo llenaré cumplidamente.
Un hombre público no lleva al gobierno sus propias y privadas convicciones para hacerlas ley y regla del Estado. Monsieur Guizot, ministro de un rey católico, era protestante, adicto como el que más a su propia creencia, pero fiel expresión de las leyes de una nación católica.
Mas este deber no va hasta desfavorecer, contrariar, perseguir otras convicciones.
La libertad de conciencia es no sólo declarada piedra angular de nuestra Constitución, sino que es una de las más grandes conquistas de la especie humana. Digo más, la grande conquista por excelencia, pues de ella emana la emancipación del pensamiento que ha sometido las leyes de la creación al dominio del hombre.
Hay más todavía. El gobierno civil se ha instituido para asegurar el libre desarrollo de las facultades humanas, para dar tiempo a que la razón pública se desenvuelva y corrija sus errores a fin de que la utopía de hoy, sea la realidad de mañana. Si por tanto, hay una minoría de la población, y digo más, un solo hombre, que difiera honradamente y sinceramente del sentimiento de la mayoría, el derecho lo protege, con tal que no pretenda violar las leyes, sino modificarlas, modificando la opinión de los encargados constitucionalmente de hacerlas, pues para ese fin, para la protección de su pensamiento se ha construido el edificio de la Constitución; porque para él son las garantías establecidas por esa Constitución.
La reina Isabel de España prestando oído al visionario Colón, contra el sabio parecer de la humanidad entera de entonces, mostró por accidente, lo que la libertad del pensamiento ha repetido mil veces después, sin necesidad de mendigar el favor de una reina. El siglo presente, merced a la libertad del pensamiento, es un Colón colosal, múltiple, eterno, inmortal.
El vapor, el cable submarino, el gobierno republicano transformando el mundo en horas, porque años es ya mucho, son la obra de Colones que no llaman la atención, porque son ya vulgares, plebeyos, el pan de cada día de nuestro siglo.
Ya que he nombrado el cable, que es la más maravillosa aplicación de la electricidad, para poner en contacto a todas las naciones de la tierra, ¿qué decir de esa otra electricidad moral que liga a la parte más selecta de la humanidad, la masonería? Yo no he necesitado más en mis largos viajes que apretar la mano a un desconocido, sea príncipe, pastor, obrero, soldado; y si su corazón responde al contacto eléctrico, en el acto he visto iluminarse su semblante, y transformarse en amigo el extranjero.
¿Habrá de decirse, como algunos piensan, que esta asociación fue útil en la Edad Media, para defenderse contra las tiranías y superflua hoy, que la libertad garante todas las aspiraciones legítimas? Pero aún quedan dividiendo a los hombres, la tiranía de las lenguas diversas que les impiden comunicarse, la tiranía de las creencias diversas que los extrañan entre sí; la tiranía de las nacionalidades que los agrupan en campos hostiles; la tiranía de las opiniones y de los partidos que los hacen pueblos distintos en un mismo pueblo; y mientras tanto, en Inglaterra o en Entre Ríos, a un protestante, o a un cuákero, al francés o al italiano, al unitario o al federal, no se necesita más que aventurar un apretón de manos, para hacerse comprender simpáticamente, si no habla nuestra lengua; hacerse tolerar, si no creemos todo lo que él cree; hacer al menos que no nos ahorque, si no somos del mismo partido. ¿Es mala una institución semejante?
Y veamos sus efectos en nuestra vida íntima.
¿Era falso el dinero que los masones mandaron a Mendoza, en auxilio de los que escaparon del temblor? Son ineficaces sus esfuerzos, sus caridades, para remediar cuanta dolencia, cuanta miseria aflige a los desvalidos? ¿No merecen ni gratitud, ni estimación estos socorros? Y sin embargo, el Evangelio ha establecido expresamente lo contrario en la sublime parábola del Samaritano. El Samaritano, si no era el protestante del judaísmo, convendrán nuestros detractores, porque nosotros no lo aceptamos nunca, que los masones son los Samaritanos del Evangelio, de quien por su caridad era, según la palabra de Jesús, el prójimo la humanidad.
Estos son los beneficios exteriores de la masonería.
Los que ha producido moderando las pasiones, atenuando los odios civiles y religiosos, son inmensos.
Ella ha enseñado a ejercer la caridad que esta prescripta por el Divino Maestro, pero limitada a función sacerdotal. La masonería en esto realizaba el espíritu y el fundamento del cristianismo: “Amad al prójimo, como a ti mismo”.
Los masones profesan el amor al prójimo, sin distinción de nacionalidad, de creencias y de gobierno, y practican lo que profesan en toda ocasión y lugar.
Hechas estas manifestaciones, para que no se crea que disimulo mis creencias, tengo el deber de anunciar a mis hermanos, que de hoy en adelante, me considero desligado de toda práctica o sujeción a estas sociedades.
Llamado a desempeñar altas funciones públicas, ningún motivo personal ha de desviarme del cumplimiento de los deberes que me son impuestos; simple ciudadano, volveré un día a ayudaros en vuestras filantrópicas tareas, esperando desde ahora que por los beneficios hechos, habréis continuado conquistando la estimación pública; y por vuestra abstención de tomar como corporación parte de las cuestiones políticas o religiosas que concurrieren, logréis disipar las preocupaciones de los que por no conocer vuestros estatutos, no os consideran como el más firme apoyo de los buenos gobiernos, el más saludable ejemplo de la práctica de las virtudes cristianas, y los más caritativos amigos del que sufre.”.

Volvió Sarmiento a la Hermandad al cabo de su presidencia, para ser distinguido con el mas alto cargo de la Orden en Argentina, fue designado Gran Maestre. Nos hemos tomado la libertad de subrayar algunos párrafos que estimamos de actualidad; pero no podemos asumir el atrevimiento de observar o hacer mayores aportes a sus ilustradas palabras.
Como hemos reconocido al inicio, es una figura controversial, pero, también, fundamental en la Historia de nuestra querida Nación. Podemos señalar contradicciones en su vida y acción, podemos acusarlo de muchos errores y/o defectos, pero fue un hombre apasionado, a quien debemos entender en su pensamiento, carácter y contexto.

Rindiéndole el debido homenaje: “Gloria y Honor, honra sin par, para el grande entre los grandes…Sarmiento inmortal”.

domingo, 26 de febrero de 2017

Masones en las LETRAS ARGENTINAS

Son mucho los Hermanos masones que han contribuido, desde las letras, a la cultura nacional. En homenaje a todos, una selección de obras de algunos de ellos.


Esteban ECHEVERRÍA (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 2 de septiembre de 1805 - Montevideo, Uruguay, 19 de enero de 1851) fue el escritor y poeta que introdujo el romanticismo a nuestro país.



La ausencia
Fuese el hechizo
del alma mía,
y mi alegría
se fue también:
en un instante
todo he perdido,
¿dónde te has ido
mi amado bien?

Cubrióse todo
de oscuro velo,
el bello cielo,
que me alumbró;
y el astro hermoso
de mi destino,
en su camino
se oscureció.

Perdió su hechizo
la melodía,
que apetecía
mi corazón.
Fúnebre canto
sólo serena
la esquiva pena
de mi pasión.

Doquiera llevo
mis tristes ojos,
hallo despojos
del dulce amor;
doquier vestigios
de fugaz gloria,
cuya memoria
me da dolor.

Vuelve a mis brazos
querido dueño,
sol halagüeño
me alumbrará;
vuelve tu vista,
que todo alegra,
mi noche negra disipará.

José MÁRMOL  (Buenos Aires, 2 de diciembre de 1817 – íd., agosto de 1871) Poeta, narrador, periodista y político argentino perteneciente al romanticismo.
Esquicio del vuelo 

Voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo,
 y un vuelo que aún no tiene pájaro.
Vuelo que se crea con su pájaro,
pájaro agotado en los tonos de su vuelo.
No voy a dibujar un pájaro volando,
 sino al mismo vuelo dibujándose.
Y en mi turno de sentirme dios,
voy a crear un himno para el viento y la memoria.





José HERNÁNDEZ (10 de noviembre de 1834 - 21 de octubre de 1886) Autor del Martín Fierro, obra máxima de la literatura gauchesca. En su homenaje, el 10 de noviembre —aniversario de su nacimiento— se festeja en la Argentina el Día de la Tradición.

Martín Fierro – Cantor y Gaucho

Aquí me pongo a cantar 

Al compás de la vigüela, 
Que el hombre que lo desvela
Una pena estraordinaria
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.
Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento;
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.

Vengan Santos milagrosos, 
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista;
Pido a Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.
Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien obtenidas,
Y que después de adquiridas
No las quieren sustentar
Parece que sin largar
se cansaron en partidas

Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar;
nada lo hace recular
ni los fantasmas lo espantan,
y dende que todos cantan
yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pie del eterno padre:
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar. 



Olegario Víctor ANDRADE (Alegrete, Brasil, 6 de marzo de 1839 – Buenos Aires, Argentina, 30 de octubre de 1882 – Huérfano, fue protegido de Don Justo José de Urquiza).

El astro herrante

Yo era el astro que erraba en el espacio
Al azar de los vientos de la vida,
Y tú fuiste la estrella misteriosa
Que me brindó su lumbre bendecida.

Sin ti, la eterna noche me rodeara
Como al astro maldito del vacío,
Y mi vida sin ti se consumiera
En perpetuo y estéril desvarío.

Tú me diste la fe que me faltaba,
Me calentó la luz de tu mirada,
¡Y esa luz, que me envidian los extraños,
Es la luz de tu amor, es luz prestada!

Miguel CANÉ (Montevideo, 27 de enero de 1851 – Buenos Aires, 5 de septiembre de 1905), una de las plumas más representativas de la Generación del 80 de la Literatura argentina. En éste poema, Romance de la Niña Negra, nos permite reflexionar sobre la discriminación y cómo Dios premia con lo mejor a aquellos que han sido olvidados o despreciados por no ser iguales a la mayoría.


Romance de la niña negra
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.
Un erguido moño blanco
decoraba su cabeza;
collares de cuentas rojas
al cuello le daban vueltas.
Las otras niñas del barrio
jugaban en la vereda;
las otras niñas del barrio
nunca jugaban con ella.
Toda vestida de blanco
almidonada y compuesta,
en un silencio sin lágrimas,
lloraba la niña negra.

Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en su féretro de pino
reposa la niña negra.
A la presencia de Dios,
un ángel blanco la lleva;
la niña negra no sabe
si ha de estar triste o contenta.
Dios la mira dulcemente,
le acaricia la cabeza
y un lindo par de alas blancas
a sus espaldas sujeta.
Los dientes de mazamorra
brillan a la niña negra,
Dios llama a todos los ángeles
y dice: “¡Jugad con ella!”.


Joaquín CASTELLANOS (Salta, abril de 1861 - Buenos Aires, septiembre de 1932).


El Temulento (El Borracho)
Ya van tres noches de festín. En ellas
ávido el corazón de un algo inmenso,
toda una vida en el placer condenso
y aún tengo hambre de placer y amor!

Quiero beber mi juventud de un sorbo
Del goce en la frenética locura
Como en el ansia de la sed se apura
Una copa repleta de licor!

Afluye a mi cerebro en onda cálida
la sangre haciendo estremecer el pulso,
y vacilante, trémulo, convulso,
con nerviosa inquietud,
siento que el aire a mis pulmones falta;
mi pecho en sorda agitación palpita
y el golpe seco al retumbar imita
del martillo clavando el ataúd!

Corra el deleite para mí a raudales;
más que la tempestad, temo la calma;
tormentas de placer sacudan mi alma
que harto conoce ya las del pesar!
Dadme el ardor de las pasiones locas,
dadme un edén de tropicales flores;
quiero aturdirme en frenesí de amores
y en un salvaje vértigo gozar!

Yo antes amé la vida del desierto
A donde libre el corazón se expande,
A donde el hombre, inculto pero grande,
Parece dominar la inmensidad;
¡Ah! Yo envidiaba al hijo de la Pampa,
Al rey de la llanura primitiva
Cuando tenía en su extensión nativa
Por único rival la tempestad!

Hoy busco las ciudades; hoy prefiero
la sucia fonda que con luz mezquina
amarillenta lámpara ilumina,
a un paisaje bellísimo con sol;
la taberna es mi hogar; en este sitio
donde se goza porque en el se olvida
vengo a tomar venganza de la vida
usando como un arma el alcohol!

Aquí llegan los náufragos del mundo;
aquí en la pobre y mísera taberna
el pueblo alivia la tristeza eterna
de un dolor cuyo fondo nadie ve;
este es el sitio, la fatal guarida
en donde a unos la miseria lanza,
a otros un amor sin esperanzas
y a muchos como a mí... yo no se qué.

Irresistible vértigo... conozco
un hombre de alto ingenio, allí perdido;
ebrios los padres de su padre han sido
su padre y sus hermanos ebrios son;
los tristes frutos de su amor, los rasgos
de esa fatal herencia llevan fijos
y ebrios serán los hijos de sus hijos,
¡ay! hasta la postrer generación!

Yo he visto en frente a la taberna el cuerpo
de un joven bello de gallardo talle
que un día sobre el cieno de la calle,
entre un charco de sangre amaneció;
nadie sabe su historia ni su nombre
no tuvo quien lo asista, moribundo;
su último y doloroso ¡adiós!
al mundo nadie lo oyó!

Eso me espera a mí... pero bebamos
Adentro mis gozosos camaradas
bailando con mujeres alquiladas
se agitan al compás de un acordeón.
Allí en un charco de licor, un ebrio
resbala y cae...; palmotea y mofa...
tumbado en tierra impreca y filosofa;
he ahí al hombre, al rey de la creación!



Belisario  ROLDAN (Buenos Aires, 16 de septiembre de 1873 - Alta Gracia, provincia de Córdoba, 17 de agosto de 1922)

¡Caballito criollo que de puro heroico
se alejó una tarde de bajo su ombú,
y en alas de extraños afanes de gloria
se trepó a los Andes y se fue al Perú!









Caballito Criollo
-¡Caballito criollo del galope corto,
del aliento largo y el instinto fiel,
caballito criollo que fue como un asta
para la bandera que anduvo sobre él!

¡Caballito criollo que de puro heroico
se alejó una tarde de bajo su ombú,
y en alas de extraños afanes de gloria
se trepó a los Andes y se fue al Perú!



¡Se alzará algún día, caballito criollo, 
sobre una eminencia un overo en pie;
y estará tallada su figura en bronce,
caballito criollo que pasó y se fue!


Leopoldo LUGONES (Villa de María del Río Seco, Córdoba, 13 de junio de 1874 - Tigre, Buenos Aires, 18 de febrero de 1938).
¿Por que, Señor?

Señor, si llenas cada hora
de fresca vida renovada;
si vistes de rosa la aurora
y de púrpura la granada;

y en estéril vida senil
dejas la savia que florezca;
que aliente el tigre en su cubil
y en su red la araña se mezca:

¿por qué no diste la ventura
a su pecho lleno de amor?
¿Por qué la divina escultura
tan presto se rompe, Señor?
¿Era ella menos tu criatura
que la más diminuta flor?  


Evaristo CARRIEGO
(Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina, 7 de mayo de 1883 - Buenos Aires el 13 de octubre de 1912).


La silla que ahora nadie ocupa
Con la vista clavada sobre la copa
se halla abstraído el padre desde hace rato,
pocos momentos hace rechazó el plato
del cual apenas quiso probar la sopa.

De tiempo en tiempo, casi furtivamente,
llega en silencio alguna que otra mirada
hasta la vieja silla desocupada,
que alguien, de olvidadizo, colocó enfrente.
Y, mientras se ensombrecen todas las caras,
cesa de pronto el ruido de las cucharas
porque insistentemente, como empujado
por esa idea fija, que no se va,
el menor de los chicos ha preguntado
cuándo será el regreso de la mamá.

La Flauta Mágica

Cuadro que representa el interior de lo que se piensa es la casa de campo de Nueva Esperanza Coronada, en Viena. Se cree que Mozart está representado en el extremo derecho, con ropa negra y espadín, sentado al lado de su amigo Emanuel Schikaneder (con ropa roja). Pintura al óleo, 1782.










Wolfgang Amadeus Mozart - Hermano masón (Salzburgo 27-01-1756 / Viena 05-12-1791). 

El maestro del clasicismo, considerado uno de los músicos mas destacados e influyentes de la historia, fue iniciado en la Masonería el 14 de diciembre de 1784 en la Logia “Beneficencia” (Zur Wohltätigkeit). Asistía también a la Logia “Concordia Verdadera” (Zur wahren Eintracht), la mayor y más aristocrática de Viena. Posteriormente su Logia madre se une a otras dos para dar lugar a la Logia “Nueva Esperanza Coronada” (Zur Neugekrönten Hoffnung), a la cual pasa a pertenecer entonces.
                                           
Según testimonios y documentos de la época, Mozart era muy apreciado en todos los “Talleres”. Muchos de sus mas cercanos amigos eran masones, por lo que colaboró con su capacidad musical con muchas Logias, aún antes de haber sido iniciado.
Mozart parece haber sido un librepensador católico con una relación privada con Dios. Escribió más de 60 piezas de música sacra, entre ellas la Gran misa en do menor KV 427, escrita para la visita a Salzburgo en 1783, el motete Ave verum corpus KV 618, escrito en Baden bei Wien en 1791, y el Réquiem KV 626, que quedó incompleto debido a su muerte.

LA FLAUTA MÁGICA es la última ópera escenificada en vida del compositor, y estrenada en el Freihaus-Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791, bajo la dirección del propio Mozart, apenas dos meses antes de su muerte.
La Flauta Mágica es una singspiel, un tipo de ópera popular alemana. A diferencia de la ópera, las formas musicales son más simples, las arias menos complejas y los recitativos son hablados. Es parecido a la opéra-comique francesa, a la ópera balada (ballad-opera) inglesa y a la zarzuela española.
La idea primigenia de la obra habría sido de su amigo, y hermano masón, Emanuel Schikaneder. Se trataba de un relato sobre una flauta mágica que permitía a su dueño superar todos los obstáculos. Schikaneder pretendía una ópera para un púbico masivo aunque poco serio (él y Mozart no pasaban en ese entonces por un buen momento económico). Pero Mozart pretendía un drama simbólico que tratara las mas elevadas cuestiones de la condición humana.
En La Flauta Mágica contribuyen cuatro hermanos masones. La idea original fue de Emanuel Schikaneder, la poesía estuvo a cargo de Karl Ludwig Giesecke, la dirección escénica fue de Ignaz von Born (noble de Hungría que actuó en la Corte austríaca, y apadrinó a Mozart para su ingreso a la Masonería), y la música de Wolfgang Amadus Mozart.
La Flauta Mágica es el relato de un joven que recibe el encargo de recuperar a una princesa secuestrada; es la eterna batalla de la noche con el día, la sombra contra la claridad, el mal contra el bien. Pero a veces las fuerzas del bien sirven al mal, y en otras las fuerzas del mal al bien. La obra es un reconocimiento de las debilidades humanas y una exaltación a las máximas virtudes del hombre que aspira a lo sublime.
La obra es un canto a la belleza y a la sabiduría. Mozart presenta los más altos preceptos masónicos sublimándolos hasta alcanzar el nivel de una filosofía natural.
Ésta ópera fue presentada por vez primera en Salta en el Teatro Provincial, en un esfuerzo conjunto de la Orquesta Sinfónica de la Provincia y el Coro de Cámara de la Universidad Católica de Salta, el 25 junio de 2011.




domingo, 19 de febrero de 2017

20 de febrero - Batalla de Salta

1813 – 20 de febrero – 2017
BATALLA DE SALTA
Manuel Belgrano - Pío Tristán

Tras la derrota de Huaqui, a orillas del Lago Titicaca, el 20 de junio de 1811,  Juan José Castelli es relevado de la Jefatura del Ejército del Norte por Manuel Belgrano, quien recibe instrucciones precisas del Triunvirato de Buenos Aires de retroceder con todas sus tropas hasta Córdoba. El 23 de agosto de 1812 inicia lo que dimos en llamar “Éxodo Jujeño”, táctica de tierra arrasada -anticipándose a la que usará ese mismo año el Zar Nicolás I frente a la invasión napoleónica-. A los vecinos de San Salvador de Jujuy se suman tarijeños y salteños.
El 3 de septiembre de 1812 la retaguardia del Ejército de Norte, al mando del mayor general Eustoquio Díaz Vélez, protegiendo la caravana de civiles que en carretas y de a pie transitaban hacia Córdoba,  se enfrentan a orillas del Río Piedras, en la actual Provincia de Salta, a la vanguardia del Ejército realista, obteniendo una victoria que levantaría la alicaída moral de los patriotas.
Llegados a San Miguel de Tucumán, autoridades y Pueblo reclaman a Belgrano la defensa de la Ciudad, ante la inminencia de la llegada del Ejército español al mando de Juan Pío Tristán. Eustoquio Díaz Vélez, Juan Ramón González Balcarce y Manuel Dorrego habrían sido decisivos en la desobediencia de Belgrano al Triunvirato. Bernardino Rivadavia lo increpaba para que bajara hasta Córdoba: “Así lo ordena y manda este Gobierno por última vez…..la falta de cumplimiento de ella le deberá a V.S. los mas graves cargos de responsabilidad”. Belgrano respondió: “Algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desgraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor.”.
La lucha se desarrolló en las afueras de la Ciudad, en medio de un tremendo desorden,. Tras situaciones confusas, entre las que no faltó la intervención de un enjambre de langostas que oscurecieron por momentos la jornada, animando a los realistas a retirarse;  Belgrano, sin tener muy en claro la suerte de la Batalla –aunque varios de sus oficiales aseguraban la victoria-, reordenó sus hueste durante el resto de la tarde y ordenó la marcha hacia la ciudad.
Ya a últimas horas de la tarde Pío Tristán se dirige a la ciudad e intima la rendición a Díaz Vélez con la amenaza de incendiarla. Éste le responde que, en tal caso, degollaría a los prisioneros, entre los cuales figuran cuatro coroneles. Durante toda la noche permanece Tristán junto a la ciudad, sin atreverse a cumplir su amenaza. El 25 por la mañana el Jefe realista advierte que Belgrano, con alguna tropa, está a su retaguardia. Su situación es comprometida. Belgrano le intima a rendición “en nombre de la fraternidad americana”. Sin aceptarla y sin combatir, Tristán se retira lentamente esa misma noche por el camino de Salta.
Vicente Fidel López llamó a Tucumán “la más criolla de cuantas batallas se han dado en territorio argentino”. Faltó prudencia, previsión, disciplina, orden y no se supieron aprovechar las ventajas; pero en cambio hubo coraje, arrogancia, viveza, generosidad... y se ganó.
Durante cuatro meses Belgrano se dedicó a mejorar la disciplina de las tropas, proporcionarles instrucción y reclutar suficientes efectivos como para duplicar su número. El parque y artillería abandonados por Tristán le permitió organizarse con mucha mayor soltura. A comienzos de enero emprendió su vanguardia la marcha hacia Salta. El 13 de febrero, a orillas del río Pasaje, el ejército prestó juramento de lealtad a la a la bandera albiceleste y a la  Asamblea Constituyente que había comenzado a sesionar en Buenos Aires pocos días antes.
Entretanto, Pío Tristán había aprovechado la ocasión para fortificar el Portezuelo, el único acceso a la ciudad de Salta a través de la serranía desde el sudeste.
Pero el capitán Apolinario Saravia, natural de Salta, se ofreció a guiar el ejército patriota a través de una angosta senda de altura que desembocaba en la Quebrada de Chachapoyas. La lluvia, si bien dificultó, también amparó la marcha del Ejército patriota que avanzó por un terreno áspero, cargando artillería y pertrechos. El 18 de febrero de 1813 se apostaron en la Finca Castañares, propiedad de los Saravia. El capitán Apolinario Saravia, disfrazado de indígena arriero, llevó una recua de mulas cargadas de leña hasta la ciudad, y se informó de las posiciones tomadas por la tropa de Tristán, para poder comunicárselas a Belgrano.
El día 19 Belgrano posiciona sus tropas en la pampa de Castañares. Advertido de ello, Pío Tristán dispuso sus tropas para resistirlo; alineó una columna de fusileros sobre la ladera del cerro San Bernardo, reforzó su flanco izquierdo, y organizó las 10 piezas de artillería con que contaba.
En la mañana del 20 Belgrano ordenó la marcha del ejército en formación, disponiendo la infantería al centro, una columna de caballería en cada flanco y una nutrida reserva al mando de Manuel Dorrego. El primer choque fue favorable a los realistas, ya que el posicionamiento definido por Pío Tristan posibilitó controlar los ataques al tiempo que rechazaban los avances sobre el flanco derecho por la eficaz acción de los tiradores en el cerro.
Belgrano entonces cambió su táctica. Movilizó la reserva y ordenó a Martín Dorrego (que había reemplazado al segundo Jefe, Eustoquio Díaz Velez, por una herida recibida) atacar vigorosamente. Al frente de la caballería, condujo el propio Belgrano una avanzada sobre el cerco que rodeaba la ciudad, con la sorpresiva irrupción en el campo de batalla  de las guerrillas gauchas conducidas por doña Martina Silva de Gurruchaga. Atrapado entre dos fuegos Pío Tristán replegó sus fuerzas al interior de la ciudad y se dispuso a ofrecer una última resistencia en torno a la Plaza Mayor, pero no pudo organizar a sus tropas, que se negaron a defender las trincheras y corrieron a buscar refugio en la iglesia catedral. Finalmente, Tristán decidió capitular.
Belgrano tenía la firme idea de ganar la voluntad de los americanos que combatían en el bando español, por ello decidió no tomar prisioneros de guerra a los soldados realistas, siempre que los mismos juraran no volver a levantar las armas en contra de las Provincias Unidas del Río de la Plata –a algunos que volverá a tomar prisioneros más adelante los colgará por perjuros-, y reclamó que se entregaran los prisioneros patriotas que eran retenidos en el Alto Perú. Como gesto de respeto y amistad hacia Pío Tristán, Belgrano no aceptó el sable que éste le ofrecía, sino que lo abrazó; en un gesto que sería fuertemente recordado por la historia.

Manuel Belgrano, nacido en Buenos Aires, y Juan Pío Tristán en Arequipa, estudian ambos en la Universidad de Salamanca, donde anudan una buena amistad. Tristán, de regreso a América, recala en Buenos Aires, desempeñándose como ayudante del virrey del Río de la Plata, Pedro de Melo -desde 1795 a 1797-, cuando Belgrano se desempeñaba como Secretario Perpetuo del Consulado de Comercio.